lunes, 18 de mayo de 2015

ELECCIONES Y LECCIONES

Ha sido justo en estos últimos días de campaña cuando por fín he comenzado a ver un sentido a todo este movimiento partidista. Si que es cierto que desde un primer momento me pareció todo un dislate concejalístico el hecho de que para nuestra pequeña ciudad hubiese un total de quince fuerzas políticas con deseos de representar a sus vecinos en la casa consistorial y cierto es también que no siendo de albergar malos sentimientos para con nadie -vamos, siendo un primo en toda regla- me ha costado darme cuenta que no todo eran intenciones desinteresadas por el bien de la comunidad. Una gran parte de la especie política de la ciudad se mueve por un bien escondido ánimo de lucro; otros pocos porque la sed de gobierno los seduce llevándolos hasta pactos insospechados -algunos dicen que por una concejalía estarían dispuestos a pactar con el mismo diablo, y si eso es así, ¿que no estarían dispuestos a hacer por tener el bastón de mando entre sus manos?
Lo cierto es que aquello del espíritu del quince eme ha quedado más que olvidado. Lo que en un principio se presentaba como una manifestación antisistema, mutó rápidamente a un mero desacuerdo con los partidos hasta la fecha. Hubo un momento en que el clamor popular apoyó las iniciativas allí representadas con la certeza de que el bipartidismos asentado tenía mucho que ver en la gravedad de la situación. Pero ha sido poco el tiempo transcurrido desde aquellos momentos hasta ahora, un momento en el que todas aquellas fuerzas parecían haberse convertido en los mesías políticos de turno, y digo parecían porque una vez en la palestra, han demostrado que no son más que nuevos programas dentro del sistema establecido.